La biblioteca del campus de Soria colabora con la Unidad de Igualdad en su propuesta de elaboración de puntos de interés bibliográficos relacionados con el 8M al que hemos dado nuestra interpretación basada en la idea de que “Leer también es un acto de rebeldía”. Hemos preparado un panel con obras de arte pictóricas en la que las protagonistas son mujeres leyendo, bajo los cuales hemos indicado el título y acceso por medio de QR de los libros de nuestros fondos relacionados con las mujeres y sus derechos, así como una explicación de por qué consideramos la lectura un acto de rebeldía junto a una pequeña referencia histórica a la evolución de la lectura femenina.
Leer también es un acto de rebeldía
Hoy vemos a mujeres leyendo en bibliotecas, universidades, parques o en el transporte público. Es una imagen cotidiana. Sin embargo, durante siglos, la lectura femenina fue cuestionada, limitada e incluso prohibida. Leer no era solo descifrar palabras: era acceder al conocimiento, al pensamiento crítico y a la autonomía. Y eso, para muchas sociedades, resultaba incómodo si lo hacía una mujer.
Durante la Edad Media, la alfabetización femenina era excepcional y quedaba restringida a conventos o a mujeres de la nobleza. Con la expansión de la imprenta y la cultura escrita, el acceso a los libros creció, pero no de forma igualitaria. En los siglos XVII y XVIII se extendió la idea de que ciertas LECTURAS —especialmente las novelas— podían “desviar” a las mujeres de sus deberes. Se temía que pensar demasiado, imaginar demasiado o cuestionar el orden establecido alterara el equilibrio social.
A pesar de estas barreras, muchas mujeres defendieron el derecho a la educación como base de la igualdad. En el siglo XIX, autoras como Emilia Pardo Bazán reivindicaron la formación intelectual femenina y cuestionaron su exclusión del ámbito académico. Incluso muchas escritoras tuvieron que publicar bajo seudónimos masculinos para ser tomadas en serio.
Y, aun así, el camino no ha sido lineal ni universal. En distintas partes del mundo, el acceso a la educación de niñas y mujeres sigue enfrentando obstáculos. Recordar esta historia es reconocer que el derecho a leer no fue un regalo, sino una conquista.
Este mural de mujeres leyendo no representa solo una escena cotidiana. Representa siglos de resistencia silenciosa. Cada libro en sus manos simboliza una puerta que antes estuvo cerrada y hoy permanece abierta.
Celebrar el 8 de marzo es también celebrar que las mujeres leen con libertad, investigan, escriben y producen conocimiento. Que ocupan, con pleno derecho, los espacios del saber.
Porque cuando las mujeres leen, el mundo se amplía. Y cada página leída es, todavía hoy, un gesto de rebeldía.


